Poemas de Rafael Alberti


A federico garcía lorca
Sal tú, bebiendo campos y ciudades,
en largo ciervo de agua convertido,
hacia el mar de las albas claridades,
del martín-pescador mecido nido;

A la línea
A ti, contorno de la gracia humana,
recta, curva, bailable geometría,
delirante en la luz, caligrafía
que diluye la niebla más liviana.

A luis cernuda, aire del sur buscado en inglaterra
Si el aire se dijera un día:
Estoy cansado,
rendido de mi nombre… Ya no quiero
ni mi inicial para firmar el bucle

A miss x, enterrada en el viento del oeste
¡Ah, Miss X, Miss X: 20 años!
Blusas en las ventanas,
los peluqueros
lloran sin tu melena

A niebla, mi perro
«Niebla», tú no comprendes: lo cantan tus orejas,
el tabaco inocente, tonto, de tu mirada,
los largos resplandores que por el monte dejas,
al saltar, rayo tierno de brizna despeinada.
A rosa de alberti, que tocaba, pensativa, el arpa (siglo xix)
Rosa de Alberti allá en el rodapié
del mirador del cielo se entreabría,
pulsadora del aire y prima mía,
al cuello un lazo blanco de moaré.

Alguien
Alguien barre
y canta
y barre
(zuecos en la madrugada).

Asombro de la estrella ante el destello
Asombro de la estrella ante el destello
de su cardada lumbre en alborozo.
Sueña el melocotón en que su bozo
Al aire pueda amanecer cabello.

Campo de batalla
Nace en las ingles un calor callado,
como un rumor de espuma silencioso.
Su dura mimbre el tulipán precioso
dobla sin agua, vivo y agotado.

Canción 8
Hoy las nubes me trajeron,
volando, el mapa de España.

¡Qué pequeño sobre el río,

El ángel avaro
Gentes de las esquinas
de pueblos y naciones que no están en el mapa
comentaban.


El ángel de los números
Vírgenes con escuadras
y compases, velando
las celestes pizarras.


El ángel del carbón
Feo, de hollín y fango.
¡No verte!
Antes, de nieve, áureo,
en trineo por mi alma.

El ángel superviviente
Acordáos.

La nieve traía gotas de lacre, de plomo derretido
y disimulos de niña que ha dado muerte a un cisne.

Te digo adios
Te digo adiós, amor, y no estoy triste.
Gracias, mi amor, por lo que ya me has dado,
un solo beso lento y prolongado
que se truncó en dolor cuando partiste.



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