Poemas de Cesar Vallejo


Agape
Hoy no ha venido nadie a preguntar;
ni me han pedido en esta tarde nada.
No he visto ni una flor de cementerio
en tan alegre procesión de luces.

Altura y pelos
¿Quién no tiene su vestido azul?
¿Quién no almuerza y no toma el tranvía,
con su cigarrillo contratado y su dolor de bolsillo?
¡Yo que tan sólo he nacido!

Amor prohibido
Por tus venas subo, como un can herido
que busca el refugio de blandas aceras.

Amor, en el mundo tú eres un pecado!

El pan nuestro
Se bebe el desayuno… Húmeda tierra
De cementerio huele a sangre amada.
Ciudad de invierno… La mordaz cruzada
De una carreta que arrastrar parece

Espergesia
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que soy malo;

Hasta el dia en que vuelva

Hasta el día en que vuelva, de esta piedra
Nacerá mi talón definitivo,
Con su juego de crímenes, su yedra,

Los dados eternos
Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;
 me pesa haber tomadote tu pan;
pero este pobre barro pensativo
 no es costra fermentada en tu costado:

Los heraldos negros
Hay golpes en la vida, tan
fuertes...¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios;
como si ante ellos,

Los pasos lejanos
Mi padre duerme. Su semblante augusto
figura un apacible corazón;
está ahora tan dulce...
si hay algo en él de amargo, seré yo.

Masa
Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Piedra negra sobre piedra blanca
Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Trilce
Quien hace tanta bulla y ni deja
Testar las islas que van quedando.

poco más de consideración

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