POEMA LA ORGIA
- Jose Zorrilla -

La sombra nos cobija
Con su tapiz de duelo;
Cansado ya del cielo,
El sol se hundió en la mar.

El mundo duerme imbécil,
Vacilan las estrellas;
En torno a las botellas
Venid a delirar.

Venid, niñas sedientas
De libertad y amores,
Que fiestas y licores
Dan libertad y amor;
Húmedos de esperanza
Traed los ojos bellos,
Sin trenzas los cabellos,
La frente sin rubor.

La vida es una farsa
Hipócrita y demente,
Y el mundo, indiferente,
Se cansa del placer;
El mundo se ha dormido;
Romped vuestros papeles,
Dejad los oropeles
Que vano os prestó ayer.

Dejad de esa comedia
El torpe fingimiento;
Ahogad el preso aliento
Con larga libación;
La sombra, si ese cielo
Su luz tiende importuna,
Envolverá la luna
En tocas de crespón.

¡Oh! Lejos de los ojos
De la curiosa plebe,
La copa en que se bebe
Nos abre un ancho Edén;
El fondo cristalino
Las luces multiplica,
Y de vapores rica,
Perfuma nuestra sien.

Los labios desfrenados,
La lengua desatada,
En larga carcajada
Prorrumpen sin cesar;
La lumbre de los ojos,
Inquieta y silenciosa,
Los ojos de una hermosa
Se afana en reflejar
Venid a los festines
Avaras de placeres,
Que el cielo en las mujeres
Atesoró el placer;
Venid, niñas, sin cuitas,
Desnudo el albo seno,
Porque quiero el veneno
De vuestro amor beber.

Cuando la inquieta mente
Con el vapor vacile,
Y revoltosa apile
Fantasma de vapor,
Veréis cómo, insensata,
El ánima delira,
Y voluptuosa aspira
El ámbar del amor.

Entonces, en la sombra,
Las pardas muselinas
Visiones peregrinas
Flotando mostrarán,
Y en cada marco de oro,
Cerradas las pinturas,
Diabólicas figuras
Al vidrio asomarán.

Entonces, cada lámpara
Parodiará una hoguera,
Que miente y reverbera
Las lámparas del sol;
Y en el balcón la luna,
Parecerá una estrella,
Donde arde una centella
Del fúlgido farol.

Cada sonoro brindis
De la animada fiesta,
Nos fingirá una orquesta
De mágica ilusión;
Un eco misterioso,
Sin canto ni instrumento,
Que irá con el aliento
A dar al corazón.

De cada ardiente beso
El lúbrico estallido,
Rasgará el sostenido
Murmullo bacanal,
Como reloj deshecho,
Que sin marcar las horas,
Sacude las sonoras
Campanas de metal.

El mundo duerme, niñas;
Bebamos y cantemos,
Que más no sacaremos
Del mundo engañador;
Húmedos de esperanza
Traed los ojos bellos,
Sin trenzas los cabellos,
La frente sin rubor.

Venid, y mal prendidos
Los velos y los chales,
Prodiguen, liberales,
La luz de vuestra tez;
Los ondulantes rizos
Flotando por la espalda,
La mal ceñida falda
Mintiendo desnudez.
Y las de negros ojos,
Que ostenten su mirada
Altiva, enamorada,
Con infernal pasión;
Y las rubias ostenten,
Sin máscaras de tules,
Las pupilas azules
Y rojo el corazón.

La noche se desliza,
Su llama el sol enciende,
El día nos sorprende,
Va el mundo a despertar.

¡Cantemos y bebamos,
Que cuando venga el día,
El sueño de la orgía
Le volverá a apagar!


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